Relatos de un poeta; El disfraz del día de brujas


bolsa basura

Queridos lectores, este será el primero de muchos relatos que compartiré con ustedes relacionado a estampas de mi vida, experiencias que marcaron y forjaron a este que les escribe.

Una de las lecciones de humildad y comprensión de lo que es verdaderamente importante en la vida, lo aprendí a mis siete años de edad en una actividad de mi escuela elemental.

La maestra de salón hogar había programado una actividad en el salón de clases, que consistía en que cada quien llevara su disfraz para el día de bruja, mientras compartíamos unas golosinas y refresco con nuestros compañeros de clases.

Mientras se acercaba el momento, bajaban de mi frente densas gotas de sudor, deseando que ese momento no llegara. El nerviosismo y coraje arropaba mi mente ya que mi padre, debido a la situación económica familiar solo pudo comprarme una máscara de una calavera, hecha con un material similar al plástico el cual se rompía fácilmente. Recuerdo que solo le había costado 25 centavos de dólar en una farmacia local.

No podía entender cómo era posible que el me haya permitido asistir a esa actividad con esa mísera mascara, para que mis compañeros de clases se burlaran. No podía estar más molesto con mi padre aquel día.

Llego el momento, la maestra anuncia el comienzo de la actividad mientras mis compañeritos de clases sacaban sus más vistosos disfraces, Batman, Darth Vader con todo y capa (Star Wars), Superman, bueno, todo lo que estaba de moda.

Miraba con desprecio mi mochila, negándome a sacar la máscara que me había comprado mi padre. De momento, observo como una niña llamada Ángela sacaba de una humilde mochila una bolsa negra de basura, de esas de 30 galones que usualmente las usamos para desechar grandes cantidades de basura.

Sorprendido, veo como poco a poco va desenredando aquella bolsa la cual tenía cortado semi círculos para que ella pudiera sacar sus brazos y sus cabezas. Con una sonrisa en sus labios, fue colocándose ante mis asombrados ojos aquel disfraz que su madre le había preparado para que pudiera compartir con todos nosotros. Mientras acerco mi mano a la mochila, ella se acerca al escritorio de la maestra mientras sonreía con el resto de nuestros amigos y disfrutaba de las golosinas.  Nadie se burlo de ella.

En ese instante, saque orgullosamente mi mascara de 25 centavos mientras la lucia con mucho orgullo a todos mis amigos. Nadie se burlo.

Fue un gran día, disfrute de mis golosinas y jugué hasta el cansancio con mis amigos en el recreo. Al finalizar el día y llegar a mi hogar, abrasé con muchas fuerzas a mi padre mientras él me sonreía y comentaba “¡De seguro pasaste un día espectacular en la escuela!, ¿No hijo?” – mientras seguía abrazándolo le conteste, “El mejor día papa, y gracias a ti”.

Amigos, esta lección de amor propio, a nuestros semejantes y el poder apreciar lo que se tiene fue una lección de vida tan grande, que formo a ser parte de mi filosofía de vida, trayendo mucha felicidad y éxito a mi vida.

Apreciemos el sacrificio de nuestros padres, familiares, pareja, hijos y amigos. Cuando estamos consientes y apreciamos lo que tenemos, el universo se encargara de darnos mayores bendiciones. Después de todo, si no aprendes a caminar ¿Cómo será posible que puedas correr?

Por Javier Andrés (seudónimo)

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